lunes, 13 de abril de 2015

ENFERMERAS CONDUCTORAS DE AMBULANCIAS



Mientras que la primera Escuela de Ambulancias fue fundada en 1876, no fue hasta finales del siglo XIX, que se fundó la primera Escuela de Formación de Enfermería de la Cruz Roja Francesa. La educación que impartían inspirará la creación de un Diploma de Estado en 1923.

FOTO 1 Escuela de Formación Enfermeras conductoras de ambulancias 1923

La formación de los miembros de la Cruz Roja, de las Damas Enfermeras y de la Enfermeras conductoras de ambulancias, realizaron los estudios por primera vez en las comisiones creadas antes de la integración de las estructuras fijas en la Cruz Roja Francesa. Los cursos fueron mantenidos dentro de los hospitales. CRF

Hoy en día, esta asociación se ha convertido en una figura muy importante dentro de esta área, a través de sus 19 institutos regionales que cubren una amplia oferta de formación en el sector sanitario y social (1).

La Enfermería fue uno de los campos de batalla donde las mujeres se hicieron imprescindibles y fuertes.

Hacia 1916, casi todas las ambulancias eran conducidas por mujeres, así como los tranvías, los camiones urbanos y las operaciones telefónicas. Es difícil imaginar la vida rutinaria y agotadora de todas ellas, con el marido y los hijos en el frente, y tener que cuidar a los niños que les quedaban en casa y a los suegros mayores que estaban a su cargo, después de una jornada agotadora (2, 3,4).

La guerra se aprovechó de ello con mayor o menor fortuna. Fue ésta la primera gran contienda mecanizada. El desarrollo de la ingeniería dio a luz nuevas armas, pero también a la creación de ambulancias. Los avances en los laboratorios permitieron crear mortíferos gases y bombas más potentes; aunque también aparecieron nuevas drogas para mitigar el dolor o antisépticos (4,5).

FOTO 2 Reserva de la mujer voluntarias de la British Army National. 1916

Y la medicina se valió, por primera vez, de la “Enfermería Profesional” en el frente y sus nuevos métodos profilácticos (5,6).

Destacamento de Ayuda Voluntaria
El Destacamento de Ayuda Voluntaria es una organización voluntaria que proporciona servicios de enfermería sobre el terreno, sobre todo en los hospitales, en el Reino Unido y otros países del Imperio Británico. Períodos más importantes de la organización de la operación fueron durante la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial (7).

La organización fue fundada en 1909 con la ayuda de la Cruz Roja y de la Orden de San Juan. En el verano de 1914 había más de 2.500 destacamentos de socorro voluntarios en Gran Bretaña. Cada voluntario individual se llama simplemente un VAD. De los 74.000 VAD en 1914, dos terceras partes eran mujeres y niñas.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial las Vads se ofrecieron como voluntarias en todos los servicios necesarios que así lo requerían y fue un grandísimo esfuerzo lo que realizaron en la guerra. La Cruz Roja Británica se mostró capacitada para permitir que las mujeres civiles tuviesen un papel muy importante en los hospitales británicos dentro del territorio nacional y en el extranjero: la mayoría de los dispositivos de asistencia VAD eran de las clases medias y altas de la Sociedad y no estaban acostumbradas a las dificultades y a la disciplina hospitalaria tradicional. Las autoridades militares no aceptarían VAD en la primera línea, ni en las trincheras (7).

FOTO 3 Conductoras de ambulancias británicas Primera Guerra Mundial 1915

Katharine Furse dio sus mejores años como asistenta de hospital en Francia en octubre de 1914, la restricción de personal en los hospitales con el comienzo de la guerra, por ello fue necesario conseguir trabajadores para el comedor y la cocina. Atrapada bajo el fuego en una batalla repentina, los dispositivos de asistencia VAD fueron excepcionales para la atención y ayuda en el servicio de emergencia del hospital y desempeñaron su trabajo perfectamente bien.

La creciente escasez de enfermeras capacitadas abrió la puerta para que las VAD entrasen en los hospitales militares en el extranjero. Furse fue nombrada Comandante en Jefe del VAD y las restricciones de personal se eliminaron. Las mujeres voluntarias mayores de veintitrés años y con más de tres meses de experiencia en el hospital fueron aceptadas para el servicio en el extranjero.

Las VAD eran un añadido incómodo al rango y orden de los hospitales militares. Ellas no tenían la habilidad avanzada y la disciplina de las “enfermeras profesionales” capacitadas y eran a menudo muy críticas con la profesión de enfermería. Aunque la guerra mejoró las relaciones entre ellas y veían que la guerra se extendía y se alargaba en ele tiempo: Las VAD aumentó su habilidad y eficiencia en el trabajo y las enfermeras profesionales fueron más receptivas a las contribuciones de los VAD.

Durante los cuatro años de guerra 38.000 VAD trabajaban en los hospitales y sirvieron como conductores de ambulancia y de cocineras. Las VAD sirvieron cerca del frente occidental y en Mesopotamia y Gallipoli. Crearon Hospitales VAD y se abrieron en la mayoría de las grandes ciudades de Gran Bretaña. Más tarde, las VAD también fueron enviadas al frente oriental. Ellas proporcionaron una valiosa fuente de ayuda de cabecera en el esfuerzo de guerra. Muchas y muchos fueron condecoradas por sus servicios distinguidos (7).

FOTO 4 Conductoras de ambulancia francesas Primera Guerra Mundial

Enfermeras famosas VAD
María Borden, novelista anglo-americana.
Vera Brittain, autora británica de la exitosa 1933 memorias Testamento de la Juventud, contando sus experiencias durante la Primera Guerra Mundial (15).
Agatha Christie, británica autor que brevemente detalla sus experiencias VAD en su autobiografía publicada póstumamente.
Amelia Earhart, Americana, enfermera pionera de la aviación.
Hattie Jacques, inglesa, actriz de comedia.
Violet Jessop, inglesa, formada como enfermera VAD después del estallido de la Primera Guerra Mundial. Ella había ido a bordo del RMS Titanic cuando se hundió en 1912 y también iba a bordo del Britannic HMHS buque hospital, como enfermera de la Cruz Roja Británica cuando se hundió en 1916.
Naomi Mitchison, escritora escocesa.
Freya Stark, exploradora y escritora de viajes.
May Wedderburn Cannan, poeta británica.
Anna Zinkeisen, pintora escocesa e ilustradora.
Doris Zinkeisen, pintora escocesa, dibujante publicitaria y diseñadora teatral (7).

HISTORIA DE UNA ENFERMERA VOLUNTARIA NEOYORKINA

Annabelle Worthington

Viviendo en Nueva York la joven Annabelle Worthington seguía su labor en el Hospital de la Isla de Ellis, mientras intentaba aclarar sus ideas. Seguía llegando gente de Europa, escapando de la Guerra que se había desatado y que llevaría el nombre de la Primera Guerra Mundial, mientras los británicos habían bombardeado el Atlántico y los alemanes seguían hundiendo barcos. Y, precisamente, mientras tomaba un café con una mujer francesa un día acerca de sus experiencias, fue cuando Annabelle supo qué debía hacer (9).

FOTO 5 Hospital de la Abadía de Royaumont

Habló con distintas personas de la isla de Ellis acerca de su marcha a Francia y les contó sus intenciones. El médico con el que había trabajado le preparó una carta de recomendación en la que detallaba sus habilidades como enfermera no titulada, que Annabelle confiaba en poder emplear en algún hospital de Francia. El médico le habló de un hospital que habían instalado en una antigua abadía en Asnières-sur-Oise, cerca de Paris, en el que trabajaban únicamente mujeres. Lo había abierto el año anterior una doctora escocesa llamada Elsie Inglis, quien había propuesto la misma iniciativa en Inglaterra, pero no había obtenido autorización para llevarla a cabo (10).

La doctora había contratado a un equipo casi totalmente femenino, tanto para el ejercicio de la medicina como para la enfermería, a excepción de unos pocos cirujanos, que eran hombres. La doctora Inglis era una mujer sufragista y adelantada a su tiempo, que había estudiado en la facultad de medicina de la Universidad Femenina de Edimburgo. La doctora había conseguido poner en funcionamiento el Hospital de la Abadía de Royaumont en diciembre de 1914, justo después del estallido de la guerra. Este centro estaba realizando una labor fantástica en el cuidado de los soldados heridos que eran trasladados desde los hospitales de campaña que había cerca del frente. Annabelle Worthington quería trabajar en este hospital, le era igual que le mandasen “conducir una ambulancia” o trabajar en el mismo hospital (10).

FOTO 6 Isla de Ellis

Cuando se embarcó con destino a Francia escuchó que las trincheras estaban llenas a rebosar, los hospitales de campaña repletos de heridos y los hospitales todavía más repletos de heridos, con lo cual ella pensaba que haría cualquier tarea que le asignasen. Había aprendido una barbaridad de los médicos y enfermeras de la isla de Ellis y continuaba estudiando durante la travesía todos los días, además aunque no la dejasen hacer nada más que conducir una ambulancia, por lo menos sabía que sería de más utilidad que en Nueva York (11).

Annabelle habría preferido poder trabajar más cerca de las trincheras, pero le habían dicho que en los hospitales de campaña solo aceptaban a personal médico y militar con formación. Tendría para trabajar mucho más fácil el hospital instalado en la abadía de Royaumont y tendría más posibilidades de que le admitiesen.

Acudió al día siguiente después de desembarcar y en camioneta al hospital de la abadía, saliendo del hotel donde se hospedaba a las seis de la mañana. El conductor le comentó que había estallado una brutal batalla en Champagne el día anterior, en la que todavía combatían y ya habían muerto o resultado heridos ciento noventa mil soldados. Annabelle lo escuchaba con silencioso horror y pensaba en esa cifra tan astronómica. Era inconcebible. Precisamente por eso estaba ella allí. Para ayudar a sanar a sus hombres y para hacer todo lo que pudiera por salvarlos, si es que era capaz de curarlos de algún modo, o por lo menos de consolarlos.

FOTO 7 Los claustros de Norah Neilson Gray: Abadía de Royaumont, Francia, 1920

Se había puesto un ligero vestido de lana de color negro, y botas y medias del mismo color, además llevaba todos sus libros de medicina y un delantal blanco limpio, metido en el bolso, era su delantal blanco que utilizaba en el hospital de la isla de Ellis. Tardaron en recorrer los 50 kilómetros, más de tres horas por carreteras secundarias, ya que estaban en muy mal estado y presentaban profundos surcos por las bombas. Nadie tenía tiempo para arreglarlas, ni había hombres para que lo hicieran. Todos los hombres no lisiados estaban en el ejército, y no quedaba nadie en las casas para reparar y mantener en pie el país, excepto los ancianos, las mujeres y los niños; y los hombres tullidos a quienes habían mandado de regreso a sus hogares desde el frente de combate.

Pasaban unos minutos de las nueve de la mañana cuando por fin llegaron a la abadía de Royaumont, un edificio eclesiástico del siglo XIII algo deteriorado, hervía de actividad. Había enfermeras con uniforme que empujaban a hombres en sillas de ruedas por el patio, otras entraban apresuradas en las distintas alas del centro, mientras que otros heridos se movían con ayuda de muletas o eran transportados en ambulancias conducidas todas ellas por mujeres. Las que llevaban las camillas también eran mujeres. Allí no había nada más que mujeres trabajando, incluido el cuadro médico. Los únicos hombres que se veían eran los heridos. Bueno por fin vio a un médico que entraba a toda prisa por la puerta, era una rareza en medio de aquella población femenina (12).

Annabelle cruzó el patio y siguiendo los carteles de las diferentes secciones del hospital se dirigió hacia las oficinas que ponía “administración”. Cuando entró se encontró con una fila de mujeres detrás de un escritorio manejando documentos, mientras las conductoras de ambulancia les entregaban las solicitudes de admisión. Abrían historiales de todos los pacientes a quienes trataban, algo que no siempre se podía cumplir en los hospitales de campaña, donde en ocasiones tenían que trabajar bajo mucha más presión.

FOTO 8 La administración a pleno rendimiento

Allí había una sensación de actividad frenética, pero al mismo tiempo se palpaba la claridad y el orden. Las mujeres del mostrador eran en su mayor parte francesas, aunque Annabelle oyó que varias hablaban en inglés. Y todas las conductoras de las ambulancias eran jóvenes francesas. Eran chicas del pueblo a quienes habían formado en la abadía, y algunas de ellas no parecían tener más de dieciséis años. Todo el mundo tenía que colaborar. A sus veintidós años, Annabelle era bastante mayor que muchas, aunque no lo parecía.

¿Con quién podría hablar sobre el voluntariado? Preguntó en un francés perfecto. Conmigo, le contestó una mujer sonriendo que tendría más o menos su edad. Llevaba un uniforme de enfermera, pero trabajaba en la administración. Como todas las demás enfermeras hacía turnos dobles. Algunas veces, las conductoras de ambulancias, las doctoras y las enfermeras de quirófano, tenían que trabajar 24 horas seguidas. Y el ambiente era agradable, muy alegre y rebosaba energía. Estaba totalmente impresionada Annabelle (13,14).

A ver, ¿qué sabes hacer? Le preguntó la enfermera detrás del escritorio mirándola de arriba abajo. Annabelle se había puesto su delantal blanco para parecer más profesional. Con ese serio atuendo de negro y delantal blanco, parecía una mezcla entre monja y enfermera, cuando en realidad no era ninguna de las dos cosas. Traigo una carta de recomendación, dijo nerviosa. He realizado tareas relacionadas con la sanidad desde los dieciséis años, como voluntaria en diferentes hospitales. He trabajado con inmigrantes en la isla de Ellis y he adquirido bastante experiencia en el tratamiento de enfermedades contagiosas. También había trabajado en el hospital para el tratamiento de los Lisiados de Nueva York, supongo que eso estará más relacionado con lo que hacen ustedes aquí.

FOTO 9 Inmigrantes. Comedor Isla de Ellis. 1918

¿Tienes formación médica? Quiso saber la joven enfermera cuando leyó su carta de recomendación del médico de la isla de Ellis. En realidad, no contestó Annabelle con sinceridad, reconociendo su falta de estudios, no quería mentirle, pero he leído mucho sobre todo acerca de las enfermedades contagiosas, cirugía ortopédica y heridas de guerra y heridas gangrenosas. Caray, menuda carta de recomendación, dijo con admiración. Supongo que eres de Estados Unidos, Annabelle asintió. La otra joven era inglesa pero las dos hablaban perfectamente con buen acento el francés (13,14).

¿Por qué has venido desde tan lejos? Preguntó curiosa la enfermera. Por vosotras. El médico de la isla de Ellis me habló de vosotras y de este hospital, cuando lo oí, me pareció fantástico, así que se me ocurrió venir para ayudar. Haré cualquier cosa que me manden, poner cuñas a los enfermos, limpiar palanganas del quirófano, lo que sea con tal de ayudar. ¿Sabes conducir? Todavía no, pero puedo aprender. Admitida, se limitó a decir la enfermera británica.

No hacía falta ponerla a prueba con esa magnífica carta de recomendación, y saltaba a la vista que tenía madera de enfermera. Su cara estalló de alegría, ese era su propósito de su viaje a Francia desde Nueva York. Había valido la pena la travesía larga, solitaria y aterradora que había realizado, a pesar de los campos de minas y de los submarinos enemigos, y a pesar de sus propios temores por culpa del hundimiento del Titanic. Preséntate en el Pabellón C a las trece horas (14).

FOTO 10 Enfermeras de la Cruz Roja en el Regents Park de Londres, 1918

Annabelle se dirigió con las maletas y encontró la zona de las enfermeras en las antiguas celdas de las monjas en la abadía. Había filas y filas de celdas, todas ellas oscuras, pequeñas, mohosas y con aspecto de ser tristemente incómodas, con un mugriento colchón en el suelo y una colcha, en muchos casos sin sábanas. Había un cuarto de baño comunitario cada cincuenta celdas, pero dio gracias al saber que por lo menos contaría con un aseo en el interior del edificio. Habían ido a trabajar de sol a sol, y estaban encantadas de estar en la abadía hospital. Le preguntó otra enfermera, supongo que buscas una habitación, en esta, comparto mi habitación con otras dos enfermeras, pero la celda contigua está vacía; la anterior enfermera se había tenido que ir, porque su madre estaba enferma. Su celda era tan pequeña, tan oscura y fea como las otras, pero pasaban muy poco tiempo en ellas, sólo para dormir y la compartían varias compañeras por los diferentes turnos que hacían.

Se presentó en el Pabellón C, era un pabellón quirúrgico enorme. Había una sala gigantesca con aspecto de haber sido anteriormente una capilla, abarrotada con unas cien camas. La habitación no tenía calefacción y los hombres estaban cubiertos con varias mantas para intentar que entraran en calor. Sus dolencias eran muy variadas, aunque muchos habían perdido alguna extremidad en un bombardeo o habían tenido que amputársela en el quirófano. La mayor parte de ellos gemía, algunos lloraban y todos estaban muy enfermos. Varios deliraban por culpa de la fiebre y, mientras Annabelle recorría el pabellón en busca de la jefa de enfermería para presentarse, fueron muchas las manos que se agarraron a su vestido. Además de la estancia principal había otras dos salas grandes que servían de quirófano, donde oyó gritar a más de un hombre. Era una escena dantesca, si no hubiese trabajado antes, a buen seguro se habría desmayado al instante.

FOTO 11 Hospital Auxiliar 301 de la Abadía de Royaumont, 1918

Encontró a la jefa de enfermería cuando salía de los quirófanos improvisados, con aspecto frenético y sujetando una palangana con una mano dentro. La enfermera jefe según la vio le dio la palangana y le dijo dónde debía desechar el contenido. Según regreso, la enfermera le puso a trabajar las siguientes diez horas. Annabelle no paró ni un segundo. Fue su prueba de fuego y, cuando terminó, se había ganado el respeto de la enfermera de mayor edad. Servirás, le dijo la mujer con una fría sonrisa, y alguien comentó que había trabajado con la doctora Ingles en persona. Cuando volvió a su celda era medianoche y estaba totalmente agotada sin ganas de deshacer las maletas e incluso para desvestirse, se tumbó según llegó y se quedo dormida con el semblante lleno de paz (14).

Los primeros días fueron agotadores en la abadía de Royaumont. Los heridos de la segunda batalla de Champagne llegaban a toda velocidad. La joven prestaba ayuda durante las operaciones, vaciaba bandejas quirúrgicas y contenía hemorragias, se deshacía de las extremidades amputadas, vaciaba las bacinillas de los enfermos, les daba la mano a los moribundos y bañaba a quienes tenían fiebres muy altas. Nunca había trabajado con tanto ahínco en su vida, pero era justo lo que deseaba. Allí se sentía útil y aprendía sin cesar.

Apenas veía a su compañera Edwina que trabajaba en otra parte del hospital y además hacían turnos diferentes, alguna vez se habían cruzado en el cuarto de baño o se cruzaban por los pasillos entre los pabellones y se saludaban con la mano. Annabelle no tenía tiempo de entablar amistades, había demasiado trabajo por hacer, y el hospital estaba hasta la bandera de hombres agonizantes.

FOTO 12 Revisión inmigrantes en el Hospital de la Isla de Ellis

Todas las camillas y camas estaban ocupadas y algunos heridos esperaban su turno en el suelo o tumbados en colchones en el mismo suelo. El personal lidiaba con casos de todo tipo, desde disentería hasta las dolencias en los pies, y varios de sus pacientes habían contraído el cólera. Todo aquello era aterrador, pero al mismo tiempo estaba emocionada de poder ayudar. En una de sus escasas mañanas libres, una de las mujeres alojadas en las celdas de las monjas le enseñó a conducir una camioneta que empleaban como ambulancia, que no era muy distinta de la furgoneta para pollos en la que había venido desde Paris.

La mandaban al quirófano con más frecuencia que al resto de las voluntarias, porque era precisa, atenta, meticulosa y muy obediente, pues seguía las indicaciones de las cirujanas al pie de la letra. Algunas doctoras se habían fijado en ella y se lo habían comunicado a la jefa de enfermeras, quien coincidía en que su labor era excelente. Consideraba que sería una enfermera estupenda y le aconsejó a la joven que estudiara la carrera de enfermera después de la guerra, aunque la cirujana en jefe penaba que podía aspirar a más.

Hablaron después de terminar la jornada mientras Annabelle que no parecía cansada mientras fregaba el suelo del quirófano y ponía un poco de orden.

Había sido un día especialmente agotador para todos ellos, pero ella no había desfallecido ni un momento. Parece que te diviertes con tu labor le dijo la doctora mientras se limpiaba las manos en el delantal ensangrentado.

El de Annabelle tenía un aspecto similar. Pero a ella no parecía importarle, ni se había dado cuenta de que tenía una mancha de sangre de otra persona en la cara.

Después de limpiarse le contestó: Siempre me ha encantado este trabajo, lo que más lamento es que los soldados tengan que sufrir tanto. Esta guerra es horrible.

FOTO 13 Primera Compañía BM13, enfermeras ambulancieras GR. Inglaterra 1944. Arreglando las ambulancias. Las conductoras de la sección sanitaria femenina francesa, parten con sus ambulancias hacia Finlandia

Todavía les llegaban oleadas de heridos del frente, pues el clima había empeorado y hacía mucho frío se acercaba la Navidad, y cada vez más hombres jóvenes morían por culpa de alguna infección, de las propias heridas en la batalla o por la disentería.

El número de víctimas en Europa había rebasado hace tiempo la cantidad de tres millones de vidas perdidas. Se había perdido una cantidad exagerada de vidas y, de momento, no se había conseguido nada, todos los países de Europa estaban en guerra unos contra otros (14).
Terminó siendo una de las mejores médicos que trabajaron en Paris.

FOTO 14 Elsie Inglis Memorial Maternity Hospital 1930

CONCLUSIÓN
Durante la Primera Guerra Mundial, los hombres eran llevados a los campos de batalla, a las trincheras y a los campamentos militares, volviendo a los hospitales heridos, amputados y muchos de ellos no llegaron a ningún sitio, la muerte se los llevó.

Las mujeres tuvieron que adoptar un rol nuevo que anteriormente no les habían dejado asumir. El de la figura trabajadora y lo hicieron de una manera increíble y honorable. Imagínense en aquella época ver a las mujeres realizando unos trabajos en donde era muy raro verlas, incluso donde hoy en día tampoco se les ve.

Un cambio radical en el papel de la mujer en la sociedad es inducida por la necesidad urgente de más trabajadores en las fábricas de todo tipo, en especial en las de municiones y en muchos otros papeles masculinos tradicionales. Su contribución al esfuerzo de la guerra en última instancia, ayudó a acelerar el sufragio femenino.

AGRADECIMIENTO
Jesús Rubio Pilarte
Mª Luz Fernández Fernández

FOTOGRAFÍAS
Las Fotografías son propiedad de la Cruz Roja Francesa. Foto 5 de Claude Millet 2010
Fotografías Antiguas de la mujer en la Primera Guerra Mundial
Los claustros de Norah Neilson Gray: Royaumont, Francia, 1914
La Isla de Ellis. La puerta al nuevo mundo
Archivo fotográfico privado de Manuel Solórzano Sánchez

FOTO 15 Ambulancia Hospital Bellevue de Nueva York, 1895

BIBLIOGRAFÍA
1.- Cruz Roja Francesa. 150 años al servicio de los ciudadanos
2.- Mujeres Segunda Guerra mundial
3.- Nace un movimiento
4.- La guerra como motor de cambio social. De esposas y madres a ciudadanas. Alberto Porlan. Historia número 52, marzo 2014.
5.- Mario Viciosa
http://www.elmundo.es/especiales/primera-guerra-mundial/imprescindibles/ciencia-yguerra.html
6.- El Mundo, periódico digital. Primera Guerra Mundial. 100 años: 1914 - 2014
http://www.elmundo.es/especiales/primera-guerra-mundial/
7.- Destacamento de ayuda voluntaria
8.- Los claustros de Norah Neilson Gray: Royaumont, Francia, 1914
9.- La Isla de Ellis. La puerta a Estados Unidos durante un siglo.
10.- Ellis Island. El museo de la inmigración europea.
11.- La Isla de Ellis. La puerta al nuevo mundo.
12.- Elsie Inglis Memorial Hospital
13.- Elsie Inglis Memorial Maternity Hospital History
14.- Una buena mujer. Danielle Stell. 2014
15.- Vera Mary Brittain. Enfermera Voluntaria. I Guerra Mundial. Publicado el domingo día 19 de junio de 2011
16.- La Mujer en la Primera Guerra Mundial. Publicado el jueves día 31 de julio de 2014

FOTO 16 Dos enfermeras de pie delante de una ambulancia de la Cruz Roja con sus perros, en 1916 durante la Primera Guerra Mundial

AUTORES:
Jesús Rubio Pilarte
Enfermero y sociólogo.
Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

martes, 7 de abril de 2015

LÍQUENES, REPÚBLICA Y SANIDAD



La Segunda República (1931-1939) constituyó uno de los momentos políticos democráticos españoles más destacados, dando paso, tras la finalización de la “contienda bélica” a la dictadura del General Francisco Franco Bahamonte. Sustituta del reinado de Alfonso XIII, recibió este nombre con la intención de diferenciarla del anterior periodo republicano, la Primera República Española (1873-1874). Este lapso plural portó numerosos cambios a un país que se resistía a permutar y adaptarse a “nuevas formas” que paulatinamente se instalaban en muchos lugares de la geografía europea. Las reformas acometidas básicamente se centraron en limitar la influencia de la Iglesia en la sociedad española, mejoras drásticas que favorecieran a los campesinos y a las producciones agrarias articuladas a partir de latifundios, la constitución de un estado conformado por regiones autónomas, la transformación legislativa laboral, la universalización de la educación y cambios profundos en el mundo castrense buscando dominar el poder de quienes hasta la fecha habían mediatizado considerablemente la “arena política española”.

FOTO 1 Profesor Dr. Francisco-Javier Castro-Molina

AUTOR: Profesor Dr. Francisco-Javier Castro-Molina. Enfermero, Historiador del Arte, Antropólogo. Presidente de la Asociación Canaria de Historia de la Profesión Enfermera. Director de EGLE: Revista de Historia de los Profesionales de los Cuidados y de las Ciencias de la Salud.
Correo-e de contacto: tenerifejavier@gmail.com
ARTÍCULO PUBLICADO: en el periódico La Opinión de Tenerife el 05 de abril de 2015.

En el campo de la sanidad, se reconocieron los principios fundamentales presentes en los modernos sistemas de salud (universalidad, equidad y solidaridad) junto a una financiación estatal. Tal fue la preponderancia dada a esta cartera ministerial, que en tan solo tres años se cuadriplicaron los recursos materiales que se le destinaron en comparación con el gobierno monárquico precedente (año 1920: 6.619.300 pesetas; año 1931: 9.990.082 pesetas; año 1932: 15.582.807 pesetas; año 1933: 31.432.690 pesetas). La estrategia adoptada por los gobernantes republicanos concentró su energía en tres ejes: el desarrollo de una infraestructura sanitaria apropiada para la asistencia sanitaria-docencia-investigación; en la reorientación de las funciones de las categorías profesionales; y en una adecuada formación del personal a través de programas cuidadosamente planificados, otorgando destacada importancia a la investigación científica.

Pese a la fuerza con la que nace el ideario republicano, su desarrollo no fue parejo en todo el territorio español. El nuevo gobierno progresista canario se caracterizó por una considerable debilidad, fruto de la carencia de una base social que lo dotara de estabilidad política, en la que convivían dos realidades diferentes carentes de un discurso unísono, la caciquil y la proletaria.

FOTO 2 El periódico “La Opinión de Tenerife”, día 5 de abril de 2015

En este panorama, los partidos políticos se consolidaron con la presencia de un plantel de líderes claramente definidos y una maquinaria propagandística estructurada. Uno de los diputados canarios que llegó a ministro y luego a Presidente del Consejo de Ministros de la Segunda República fue el grancanario Juan Negrín López, al que se le unieron Andrés Orozco Batista y Antonio Lara Zárate, ambos ministros, donde el primero asumió la cartera de Industria y Comercio, y el segundo la de Hacienda durante el gobierno de Alejandro Lerroux. Destacaron también Ramón Gil-Roldán y José Franchy y Roca, arduos defensores de la autonomía regional, y personajes con un marcado compromiso sociopolítico local como el médico Miguel Bethencourt del Río y sobre todo, el poeta Pedro García Cabrera.

Vallehermoso, en la isla de La Gomera, fue el lugar que vio nacer a Pedro García Cabrera el día 19 de agosto de 1905, permaneciendo en él hasta celebrar el séptimo aniversario de su natalicio. En 1915, tras una breve estancia en Sevilla, la familia se estableció en Tenerife, iniciando sus estudios de Bachillerato en el Instituto General y Técnico de Canarias. Desde su temprana juventud, colaboró en la prensa local, además de participar, junto a Gabriel Mejías Fragoso, Ulises Herrera y Guillermo Ascanio, en La Voz de Junonia, publicación periódica de fuerte contenido de denuncia social donde se mostraban al público con ingenio las arbitrariedades del caciquismo isleño. A partir de 1926, su producción literaria se concentra en Hespérides, revista en la que coinciden escritores ligados al modernismo y al regionalismo de fin de siglo con jóvenes poetas e intelectuales que formaran parte del grupo de vanguardia.

FOTO 3 Pedro García Cabrera

En 1930 funda Cartones junto a Juan Rodríguez Doreste, Domingo López Torres y Juan Ismael. Además, entre 1932 y 1936, junto a Domingo Pérez Minik, Domingo López Torres, Agustín Espinosa García Estrada, Óscar Pestana Ramos, Francisco Aguilar y Paz y José Arozena Paredes, bajo la dirección de Eduardo Westerdahl, participa en la creación de Gaceta de Arte, revista internacional de cultura, que conectó a los intelectuales y artistas canarios con las vanguardias europeas y el surrealismo.

El “García Cabrera politicam” aunó una ardua intelectualidad a múltiples inquietudes sociopolítica que llevaron a una temprana afiliación al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que combinó con la dirección de publicaciones como Altavoz y El Socialista. En 1931 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ayudado de la conjunción republicano-socialista, a lo que se unió su nombramiento como miembro del equipo de gobierno del Cabildo Insular, en el que desarrolló su actividad como Consejero Inspector del Hospital de Nuestra Señora de los Dolores de San Cristóbal de La Laguna. La preocupación por la situación social y sanitaria de la población de la isla le llevó a acometer intervenciones de tal calibre que el corto espacio de tiempo que gobernó no permitió ver conclusas, diferenciándose claramente dos vertientes en su labor gestora, el “García Cabrera urbis” y el “García Cabrera sanitas”.

El “García Cabrera urbis” surge como resultado de la preocupación emergente en la sociedad por la vivienda. Tras el II Congreso Internacional para la Arquitectura Moderna, CIAM II, celebrado en 1929, se conceptualizó la idea de vivienda mínima: habitáculo que no precisa amplias dimensiones, con buena ventilación y abundante luz solar; habitaciones individuales; y se plantea la intervención estatal para favorecer la adquisición de viviendas a las clases populares.

Desde la segunda mitad del siglo XIX, en Canarias el éxodo masivo de campesinos de las zonas rurales a las grandes urbes durante el ciclo económico de la cochinilla, obligó a construir ciudadelas, un tipo de vivienda colectiva, generalmente de planta baja con mínimas habitaciones independientes distribuidas en torno a un claustro-patio o a lo largo de callejón ciego con único acceso, en el que con frecuencia se compartían aseo y/o cocina. En Santa Cruz eran numerosas en el Barrio de Duggi, de Los Llanos, de El Cabo y de El Toscal, situación que preocupó considerablemente a la clase política republicana a la que respondió con drásticas actuaciones.

Durante su estancia en el Ayuntamiento capitalino, se adquirieron 3 solares en la ciudad desde la Oficina Técnica Municipal, primera oficina de viviendas municipales, de los que uno de ellos se destinó a la Barriada de la Victoria. El diseño fue realizado por la mano del arquitecto José Enrique Marrero Regalado, siguiendo las directrices de la vivienda obrera promulgada por el movimiento republicano. Con el cambio del Ejecutivo, el proyecto también mutó, pero no estructuralmente, sino en el ornato empleado que se valió de los recursos establecidos desde la arquitectura del Mando Económico de Canarias. La situación económico-política no permitió que la obra se concluyera hasta 1939.

La segunda vertiente política, el “García Cabrera sanitas” se materializó básicamente en tres intervenciones efectuadas en los establecimientos de beneficencia de la isla. Ya desde inicios del siglo XX, existía una marcada necesidad de un Nuevo Hospital de La Laguna, ante unas instalaciones poco salubres y obsoletas que habían estado en funcionamiento desde el siglo XVI. El Cabildo Insular de Tenerife propuso la construcción de un hospital pertinente a las necesidades de la ciudad y del municipio, consignando en 1922 una partida presupuestaria de 35.000 pesetas. Para fundamentar su construcción, se solicitó un informe a la Real Academia de Medicina, formulando duda sobre la viabilidad del viejo establecimiento o la edificación de uno nuevo de mayores dimensiones con cobertura provincial; los académicos se decantaron por la segunda propuesta.

Siguiendo las directrices del Inspector Provincial de Sanidad y el Subdelegado de Medicina se compró un solar de 15.000 metros cuadrados, propiedad de los Herederos de Quintín Benito, frente a la Cruz de Piedra, en un trozo denominado calle de Morales al comienzo del camino de San Miguel de Geneto. La compra se rubricó ante el notario Blas Cabrera por la cantidad de 21.000 pesetas el 6 de febrero de 1923.

Para el diseño del edificio, el arquitecto Domingo Pisaca Burgada, propuso una estructura dentro las corrientes higienistas con capacidad para 130 enfermos, articulado a partir un gran eje central cortado por crujías que formaban los diferentes pabellones ligados por circulación cubierta, divididos por especialidades como infecciosas, enfermedades comunes, cirugía y materno-infantil.

FOTO 4 Proyecto Nuevo Hospital de La Laguna

El modelo que se tomó como referencia fue el Hospital de Niños de Pendlebury (1872-1878), realizado por los arquitectos Pennington y Brigues. De los tres pabellones propuestos, se pretendió dar mayor prioridad a dos de ellos, con el fin de trasladar con la mayor premura el antiguo hospital al nuevo edificio. Para la ejecución de la obra, el 10 de febrero de 1926 se acordó presupuestar la cantidad de 642.607,20 pesetas, junto a 50.336,06 pesetas para el cerramiento externo perimetral.

La desidia y el protagonismo asumido por el Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, posteriormente Hospital Civil, llevaron a que en 1931, y ante la solicitud del Ayuntamiento de La Laguna de un solar para la edificación de la Universidad de este Archipiélago, la Corporación local ofreció el que dispone en el camino de Geneto, del término municipal de La Laguna, haciendo por su cuenta las compras de terrenos que su ampliación, si fuese necesario.

Un año después, en 1932, el consejero García Cabrera, propuso solicitar la redacción de un «nuevo proyecto» al arquitecto Antonio Pintor y Ocete, reactivando la idea de nuevo hospital lagunero. Para su ejecución, propuso la enajenación de los títulos intransferibles de la deuda que poseía los establecimientos de beneficencia insulares. La viabilidad de la construcción del nuevo edificio fue estudiada por una Comisión formada por Matías Molina Hernández, Fernando Franquet y Solé, Pedro García Cabrera y Antonio Pintor. El proyecto no llegó a cuajar, poniendo así punto y aparte a la intención del “nuevo nosocomio lagunero”.

El segundo proyecto relevante impulsado durante la gestión republicana fue la Casa-Cuna. Desde mediados del siglo XIX, tanto el Hospital de La Laguna como el Hospital Civil contaban con Cuna de Expósitos y Maternidad. Durante los periodos estivales, los niños expósitos se trasladaban tanto a una casa del naviero Álvaro Rodríguez López ubicada en Hoya Fría como a un edificio con huerta, llamada Finca La Higuerita, que durante muchos años se había destinado al ocio de estos infantes.

FOTO 5 Proyecto Casa Cuna

Viendo las carencias de ambos establecimientos que no cubrían las necesidades básicas para el cuidado, en 1932 el consejero García Cabrera propuso instalar la nueva Casa-Cuna en un edificio independiente y aparte del destinado para el Hospital Central futuro.

En el verano de 1933, el proyecto da un giro copernicano planteando un nuevo centro dedicado a alojar a los niños huérfanos de la Isla, donde existieran espacios amplios y verdes que estuvieran alejados, tanto física como ideológicamente, de un recinto hospitalario, cuyo fines distaban mucho de la de un establecimiento destinado al cuidado y crianza de niños huérfanos, dándole emplazamiento en los terrenos donados por el armador.

El 16 de agosto de 1933 se procedió al traslado de los niños y niñas al nuevo domicilio, un salón de empaquetado reformado dotado tanto de recursos materiales como humanos. Años más tarde, en 1938, su dueño y benefactor donó los terrenos a la Corporación insular para alojar definitivamente la Casa-Cuna en este emplazamiento pasando a denominarse Jardín de Infancia de la Sagrada Familia tras el nuevo momento político abierto a mediados de 1936.

La última intervención, la tercera, se centró en la formulación de un nuevo reglamento sobre la sanidad insular, con modificaciones en la estructura organizativa con la intención de centralizar la asistencia en un solo hospital, la eliminación de las connotaciones religiosas de los establecimientos de beneficencia y crear una red insular de equipamientos de primera necesidad que se materializó sobre todo en las casas de socorro, proyecto diseñado por el arquitecto Marrero Regalado.

FOTO 6 Portada del libro de poesías Líquenes de Pedro García Cabrera, 1928

BIBLIOGRAFÍA
1.- AA. VV. Actas de Congreso Internacional Pedro García Cabrera. La Gomera 10-14 de octubre de 2005; [coordinadora: Belén Castro Morales]. Santa Cruz de Tenerife: Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Laguna, 2007, Tomos I y II.

2.- Álvarez Rey, L. Los Diputados por Andalucía en la Segunda República, 1931-1939. Tomo II. Sevilla: Fundación Pública  Andaluza, Centro de Estudios Andaluces, 2010.

3.- Castro Molina, F.J. Arquitectura, asistencia y cuidados: Manicomio Provincial de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Colegio Oficial de Enfermería de Santa Cruz de Tenerife, 2013.

4.- Castro Molina, F.J. Arquitectura y Medicina en Canarias. Dispositivos asistenciales y recursos sanitarios en Tenerife (siglos XVI-XX). [Tesis doctoral] dirigida por María Isabel Navarro Segura y Jesús Pérez Morera, Universidad de La Laguna, 2012.

5.- Navarro Segura, M. I. Arquitectura del Mando Económico en Canarias. La posguerra en el Archipiélago . Santa Cruz de Tenerife: Aula de Cultura de Tenerife, 1982.

6.- León Álvarez, A. (coord.) La Segunda República en Canarias. Santa Cruz de Tenerife: LeCanarien Ediciones-Libreando Ediciones, 2012.

7.- Periódico La Opinión de Tenerife, del día 5 de abril de 2015

AGRADECIMIENTO
Profesor Dr. Francisco-Javier Castro-Molina

FOTO 7 Proyecto para el jardín de Infancia de la Sagrada Familia. Pedro García Cabrera. Propaganda republicana, Sección de Psiquiatría e Higiene Mental

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

lunes, 30 de marzo de 2015

ENFERMERAS PILOTOS O ENFERMERAS DEL AIRE



A lo largo de la historia, las mujeres han estado al lado del hombre en tiempos buenos y malos para ayudar, proteger y cuidar. Ciertos poetas incluso dicen que la mujer es el futuro del hombre. Presente en todos los conflictos desde la antigüedad hasta nuestros días, su imagen se ha tratado de llevar un poco de dulzura y minimizar la violencia circundante. Se necesitaría un libro de varios volúmenes para narrar la aventura de la mujer en la guerra. Nosotros nos vamos a centrar inicialmente diciendo que se le consideró “las transportadoras épicas del aire” que muchos paracaidistas son vida; y que son muy poco conocidas por el público en general en su conjunto, pero una de ellas, Geneviève de Galard, hizo que se escribiese en la prensa internacional (1).

FOTO 1. Enfermeras pilotos de la Cruz Roja Francesa, CRF. 1934

Historia
Se puede decir que todo comenzó con tres mujeres, Françoise Schneider, la Marquesa de Noailles y Lilia Vendeuvre que crean en 1934 en la Cruz Roja Francesa, una sección de enfermeras del aire, que toman el nombre de “Enfermeras Pilotos”. Tres enfermeras que crearían lo que luego se llamó IPSA-Enfermeras Pilotos, Socorristas del Aire (2).

En 1936 se ofrecen voluntarias para las evacuaciones de los heridos de guerra en el ejército francés. En 1940 la ley y el armisticio pusieron fin a sus actividades en suelo francés. Lo que no fue impedimento para proseguir con su ayuda a la fuerza aérea en la Segunda Guerra Mundial. Una asociación que se creó para contribuir con sus cuidados en la evacuación de los heridos (1).
En mayo de 1945, para hacer frente a la demanda de pasajeros y carga, la Fuerza Aérea creó su propio grupo de transporte, llamado Grupo de Military Air vehículos industriales (GMMTA), responsable de la evacuación de Francia 16.000 reclusos, 10.000 presos y 3.500 jóvenes. La Fuerza Aérea no tiene suficiente personal especializado y utiliza el IPSA de la Cruz Roja.
De mayo a diciembre de 1945, 32 mujeres jóvenes todas voluntarias, se ofrecen para pilotar aviones pequeños como los Dakota y los Junkers, sin ninguna comodidad, con un calor sofocante y una turbulencia loca; prestan su ayuda, su asistencia y sus cuidados a los heridos que en su mayoría presentan un estado físico lamentable.

En octubre del mismo año, el secretario colonial utilizó el IPSA de la Cruz Roja para la repatriación de los funcionarios que transportaban y a sus familias, bloqueadas durante la guerra en África occidental francesa, África Ecuatorial Francesa y Madagascar y asegurar la supervivencia (3).

FOTO 2 Transportando heridos 1917

El 1 de noviembre de 1945, el coronel, comandante de la GMMTA, obtiene permiso del general, para crear un “Equipo Profesional de Enfermeras del aire”. En el equipo femenino aparecen muchas mujeres de familias acomodadas, como son: Michaela Clermont-Tonnerre, Valerie de Renaudie, Genevieve Roure, Marie-Thérèse Palu y Marguerite Guyencourt.

Una de ellas, Bertha Finat pagó el mayor tributo a la valentía y dedicación el 27 de septiembre en un avión JU52, al sur de Agadir, cuando dirigiendo el alivio a los heridos en el proceso de evacuación, perdió su vida.

¿Quiénes son las Enfermeras pilotos?
Enfermeras Pilotos - Aire emergencia, la Asociación nació en 1934, formaron la Sección de Aviación de la Cruz Roja Francesa. Sus primeras tareas fueron estar en la enfermería o prestando los cuidados de salud en los vuelos a los pilotos (3,4).

En los siguientes años se les encomendaron constantemente nuevas funciones. De hecho, también se estaban convirtiendo en Trabajadores Sociales y Enfermeras en las bases aéreas.

Al final de la última guerra, tomaron parte en la búsqueda de los aviadores desaparecidos o muertos. Además, asistieron a las tripulaciones de los aviones que se repatriaron, a los reclusos en malas condiciones físicas y mentales. De esta experiencia, algunas, enfermeras profesionales y graduadas del estado, fueron reclutadas por la competencia, ya que cada transportador de la Fuerza Aérea y otros, formaron el conjunto de las primeras azafatas de TAI empresa ancestro UTA, donde todas ellas eran enfermeras (3,4).

FOTO 3 Marie Marvingt. Enfermera, piloto, primera mujer en volar en misiones de combate en la Primera Guerra Mundial

En ambas empresas las azafatas de transporte y la salud, participaron durante la guerra de Indochina en la evacuación de los heridos y la repatriación de los prisioneros.

Luego, en Argelia, aseguraron las escoltas a los heridos en las aeronaves sanitarias a bordo de aviones y helicópteros de la Fuerza Aérea y de la Aviación del Ejército, el rescate, la prestación de primeros auxilios, el alivio y consuelo. Todas eran entonces, enfermeras con certificados realizados por el estado.

Era larga la lista de las que se iban a sacrificar, dedicándose tanto a la atención de civiles como de militares, inmersas siempre en este ambiente del cuidado con un trabajo ejemplar. Estas mujeres Enfermeras Pilotos del aire, fueron las “élites” de la Cruz Roja Francesa, y nunca se las olvida.
Luego las actividades de IPSA se habían convertido en diferentes trabajos:
Algunos eran todavía carrera en las Fuerzas Aéreas, como transportadores, el IPSA Escuela preparación para el examen de ingreso.

Algunas enfermeras pilotos o enfermeras del aire, sirvieron en Argelia en ALT o en el SAS.

Las enfermeras eran graduadas del Estado, estaban recibiendo cursos de entrenamiento de vuelo y de medicina de la aviación, tanto en París como en algunas ciudades de provincia, y componían la Reserva o equipos del aire de emergencias de la Cruz Roja Francesa. Eran transportadoras de Reserva.

FOTO 4 Miembros de la Cruz Roja Francesa

Además las socorristas de la Cruz Roja francesa recibieron capacitación técnica, así como la enseñanza de primeros auxilios de la Aviación. El personal fue entrenado y podían intervenir para servir a la aviación, en los desastres naturales, el rescate civil y militar o cataclismo. Además, estas voluntarias aseguraron los puestos de socorro y enfermerías ubicados en todos los campos de aviación de la región de París o en cualquier terreno que se necesitase en Francia.

El IPSA también formó enfermeras pilotos o enfermeras del aire. Este equipo nació en 1935. Equipo deportivo, entrenados para serobjeto de dumping” en zonas de difícil acceso, rescate y cuidado.

La Cruz Roja Francesa todavía tiene una Escuela preparatoria para la tripulación de cabina, con certificado de seguridad e indispensable la presentación para el Salvamento Aeronáutico. También ofrece una formación avanzada y la aptitud en el mismo campo.

Enfermeras Pilotos o Enfermeras del Aire (IPSA) eran una especie de “tropa de élite” 100% femenina, dentro de la UIF. Su misión: era la de aliviar el sufrimiento y restaurar y curar a los heridos.

La Cruz Roja y la Aviación: esta era la vocación del IPSA desde el principio, en 1934. Las enfermeras pilotos eran las pioneras y habían optado por su trabajo en el aire y así nació este cuerpo de élite que se extendió por toda Francia, norte de África e Indochina (3).

FOTO5 Enfermera Genevieve de Gallard. Medalla Legión de Honor Francesa

Genevieve de Gallard
El 13 de marzo de 1954 comenzó la batalla de Dien Bien Phu, entre el movimiento vietnamita Vietminh y el ejército regular francés. Durante esta batalla, los franceses quedaron aislados del mundo exterior, había sólo dos aeropuertos, por los que llegaban suministros y se evacuaba a los heridos. No había médicos en Dien Bien Phu para los franceses, sólo una enfermera: Genevieve de Gallard.

En el transcurso de la batalla recibió la orden de evacuación, transportó los heridos hasta el único aeropuerto hasta ese momento en manos francesas, los subió al avión y ella se quedó para atender a los demás heridos y los que estaban por venir. Dien Bien Phu es considerada como una de las más importantes batallas del siglo XX y la única persona francesa en ser condecorada durante la batalla fue la enfermera Genevieve de Gallard con la Legión de Honor Francesa (5)

El ángel de Dien Bien Phu

“Fue una oportunidad para mí encontrarme allí, me siento feliz porque tuve la oportunidad de hacer mi trabajo como enfermera hasta el final de los combates”. Se negó de hecho a ser evacuada hasta que no fueron evacuados todos los heridos.

Esta mujer enfermera y modesta, se convirtió involuntariamente en una leyenda. La prensa estadounidense le apodó como “El Ángel de Dien Bien Phu”. “Esta experiencia me obligó a esforzarme y me permitió crecer como enfermera y como mujer”, dice hoy con mucha humildad (6).

FOTO 6 Hospital Auxiliar 279 Bougival. Primera Guerra Mundial

CONCLUSIÓN
Las Enfermeras Pilotos, su historia
Nacieron en 1934 formando la Sección de Aviación de la Cruz Roja Francesa. Sus primeras tareas fueron descritas para estar en las enfermerías de las bases aéreas y en el cuidado sanitario y velar por la salud de los pilotos en vuelo.

Las Enfermeras Pilotos fueron una especie de “Tropas de élite” 100 % femenina de la Cruz Roja Francesa.

Su misión: Aliviar el sufrimiento, cuidar a los heridos y dejarlos preparados para volver a luchar. Salvar las vidas de sus conciudadanos.

La Cruz Roja y la Aviación. Su propósito fue desde sus orígenes en 1934, crear un cuerpo de Enfermeras pilotos y trabajadoras sociales que habrían optado por trabajar en el aire, desde muy jóvenes. Muy rápidamente se crearon comités, que se extendieron por toda Francia, África del norte e Indochina.
Cuidado: La mayoría de ellas eran enfermeras pilotos con el mismo título.

FOTO 7 Monique Marescot du Thilleul. Evacuación sanitaria de los heridos más graves a bordo de un avión Dakota. 1954

Durante la guerra de 1939 a 1945, las enfermeras pilotos que no pudieran volar trabajaron junto a los equipos de urgencia de la Cruz Roja Francesa, sobre todo durante los bombardeos. Pero es sobretodo en 1945, cuando son las encargadas para transportar a los prisioneros y a los heridos franceses y repatriarlos por vía aérea.

1934. La creación de un cuerpo de Enfermeras Pilotos de aviación sanitaria.
1937. Inician el entrenamiento las enfermeras para aprender a saltar en paracaídas.
1939. 240 enfermeras pilotos se distribuyen en las bases aéreas en Francia y en el extranjero.
1945. Repatriación aérea sanitaria de los prisioneros y heridos.
1946. La mayoría de los traslados aéreos sanitarios los elaboraron y realizaron las enfermeras, que estaban preparadas para el servicio de intervención de urgencias de la Cruz Roja Francesa.
1971. La formación para obtener el “Certificado de Seguridad de Rescate” necesario para todo el personal que vuele, es asignado a la Cruz Roja Francesa (3).

FOTO 8 Amelia Earhart, se alistó como enfermera voluntaria en la Primera Guerra Mundial 1914

AGRADECIMIENTO
Jesús Rubio Pilarte

FOTOGRAFÍAS
Las Fotografías son propiedad de la Cruz Roja Francesa. Foto 5 de Claude Millet 2010

BIBLIOGRAFÍA
1.- El siguiente texto fue escrito en la revista “La Permanente Paras”, páginas 168 en 1999, por Jean-Claude Sanchez
2.- Les Infirmières Pilotes Secouristes de l'Air
3.- Los convoyes del aire
4.- IPSA. Los convoyes del aire
5.- Genevieve de Gallard
6.- El ángel de Dien Bien Phu

AUTORES:
Jesús Rubio Pilarte
Enfermero y sociólogo.
Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV

Manuel Solórzano Sánchez


Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)